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La Unión Europea no puede combatir el antisemitismo de una manera efectiva

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Source: BESA Center

Por Dr. Manfred Gerstenfeld

Por razones operativas y estructurales, la Unión Europea no puede combatir de manera efectiva el problema del antisemitismo. Las principales razones operativas de esto son la ausencia de una definición aceptada de la palabra antisemitismo y la falta de estadísticas comparables sobre incidentes que ocurren entre los estados miembros de la Unión Europea. Las razones estructurales son la falta de voluntad de la Unión Europea para admitir que el antisemitismo es parte de la cultura europea y la incapacidad de simultáneamente incitar contra Israel y combatir el antisemitismo. La discrepancia entre las palabras de los líderes de la Unión Europea sobre su intención de combatir el antisemitismo y la necesidad de actuar en su contra seguirá siendo gigantesca.

Foto – Ilustración marginal del siglo 13 tomado del Rochester Chronicle que representa la persecución de los judíos, imagen de la Biblioteca Británica vía Wikimedia Commons

Ha habido un alarmante crecimiento explosivo del antisemitismo desde comienzos de este siglo en muchos países de la Unión Europea. En ocasiones, los líderes europeos mencionan que es un problema gigantesco al que hay que combatir. En diciembre del 2017, el primer vicepresidente de la Comisión de la Unión Europea Frans Timmermans dijo que el antisemitismo está “siendo visto de manera inquietante como algo normal en Europa y que aquellos que desean defender los valores cristianos deberían mantenerse bien alejados del antisemitismo”. Sin embargo, cuando la Unión Europea nombró a una coordinadora para combatir el antisemitismo en el 2015, los recursos provistos a ella fueron insignificantes.

El presidente de la Comisión Europea Jean Claude Juncker dijo en enero de 2019 en el Día Internacional del Recordatorio del Holocausto: “No toleraremos en lo absoluto ninguna forma de antisemitismo, desde discursos de odio cotidianos, fuera y dentro de la red, a ataques físicos. La Comisión Europea se encuentra trabajando de la mano con todos los estados miembros para combatir esta amenaza y garantizar la seguridad de las comunidades judías en Europa. Nuestra unión fue construida sobre las cenizas del Holocausto. Recordarlo y combatir contra el antisemitismo es nuestro deber para con la comunidad judía e indispensable para proteger nuestros valores europeos comunes”. Al mismo tiempo, la líder de Política Exterior de la Unión Europea Federica Mogherini dijo: “La Unión Europea siempre ha estado y se mantiene comprometida contra cualquier forma de antisemitismo, incluyendo los intentos de aprobar, justificar o trivializar el Holocausto”.

En enero, 2019 la Comisaria de Justicia, Consumidores e Igualdad de Sexos de la Unión Europea Vera Yourova, dijo: “El hecho de que 9 de cada 10 judíos en Europa hoy día vuelvan a percibir un incremento en antisemitismo, tal como se dijo recientemente en una encuesta de la Agencia de Derechos Fundamentales (ADF), es una vergüenza para Europa”. Ella enumeró 4 áreas a través de las cuales la Comisión de la Unión Europea combatirá el antisemitismo: 1) la seguridad de las comunidades y de las propiedades de los judíos, 2) la educación y el recuerdo del Holocausto, 3) el incremento en consciencia por el tema del antisemitismo como problema mayor haciendo uso de la definición de la AIRA y mediante una mejor recopilación de datos de incidentes antisemitas y 4) apoyar el desarrollo de estrategias a nivel nacional.

Esto puede sonar prometedor para aquellos que se encuentran desinformados. Sin embargo, no haber hecho lo suficiente para prevenir el problema es haber hecho demasiado poco y algo tarde. Yourova señaló que una de las condiciones previas para combatir el antisemitismo es establecer una definición aceptada. La única aceptada es la de la Alianza Internacional para el Recuerdo del Holocausto (AIRA). Yourova dijo que aceptó esta definición en el 2017 como base para el trabajo en la lucha anti-antisemitismo. Muy bien y muy bueno, pero esto plantea una pregunta importante: ¿por qué solo esta comisionada de la Unión Europea ha aceptado la definición de la AIRA en lugar de toda la Comisión?

La definición de la AIRA ha sido aceptada para uso interno por 7 estados de la Unión Europea: el Reino Unido, Alemania, Austria, Lituania, Eslovaquia, Rumania y Bulgaria. Cuando la definición fue aceptada por la AIRA en mayo de 2016 se requirió la aprobación de todos sus miembros. Estos incluyen a la gran mayoría de los miembros de la Unión Europea.

Mucho más importante que la lucha de la Unión Europea en contra del antisemitismo en las últimas décadas es la inmigración masiva de antisemitas provenientes de los países musulmanes, donde el porcentaje de ciudadanos antisemitas se encuentra entre los más altos del mundo. Entre estos millones de inmigrantes, el porcentaje de antisemitas también es mucho más alto que el de los europeos nativos del lugar.

La Comisión que representa a la Unión Europea no puede alegar inocencia sobre este tema. Frits Bolkestein fue el comisionado holandés de la Unión Europea desde 1999 hasta el 2004. Este me contó más hoy que hace diez años, “En la Comisión Europea, yo intenté plantear dos veces el problema de la sociedad multicultural y los riesgos de una inmigración musulmana ilimitada. Mis colegas no querían discutirlo. Yo le dije a un Comisario que ellos casi que me consideraban de ser racista. Este respondió: “Elimine la palabra ‘casi’”.

En enero del 2019, la Comisión Europea publicó su estudio Euro-barómetro 484, titulado Percepciones sobre Antisemitismo. Este estudio contiene datos sobre las percepciones de antisemitismo entre los ciudadanos de todos los estados miembros. Los investigadores hallaron que el 50% de los encuestados cree que el antisemitismo es un problema en su país. Estos incluyen el 15% que lo consideran un problema muy importante. Existe sin embargo una gran brecha entre el tener presente y tener consciencia del antisemitismo y el combatirlo de manera efectiva.

Una razón mucho más operacional importante del porque la Unión Europea no puede combatir el antisemitismo es que no posee estándares comunes para los incidentes que se suceden. Se necesitan estadísticas confiables sobre incidentes de acuerdo a criterios comunes. Existen incluso países que no proveen estadísticas en lo absoluto. Partiendo de las palabras de Yourova uno observa que después de más de 18 años de un enorme incremento del antisemitismo, la recopilación de datos uniformes sobre incidentes en la Unión Europea aún permanece fuera de alcance.

Más allá de las razones operacionales, existen dos causas estructurales que impiden que la Unión Europea combata efectivamente el antisemitismo. Casi nadie en Europa que no sea judío se atreve a decir la verdad: El antisemitismo es parte integral de la cultura europea. La historia de muchos estados miembros de la Unión Europea se caracteriza mucho más por el antisemitismo entrelazado dentro de ello que por la democracia.

El antisemitismo posee muchos siglos de antigüedad. Si bien ha tenido sus altibajos, nunca ha desaparecido en estos países europeos. El antisemitismo es mucho más antiguo que los valores de democracia que la Unión Europea considera fundamentales: respeto por la dignidad humana, por los derechos humanos, la libertad, la democracia, la igualdad y el estado de derecho.

Para combatir efectivamente el antisemitismo, la Unión Europea tiene que adelantarse a admitir esto. Eso significa que debe solicitárselo a estudiosos genuinos – y no a aquellos que interponen la tez blanca en el antisemitismo – estudios profundos sobre el significado de los aspectos arraigados del antisemitismo en la cultura europea y de cómo son promovidos. Esto incluye investigar el nivel de acuerdo de los ciudadanos con los estereotipos sobre los judíos y las acusaciones antisemitas en su contra. También debe investigarse la propagación de la palabra “judío” como maldición u ofensa en varios países, la forma en que a los judíos se les representa en los libros de texto, etc.

Existe una segunda razón estructural importante por la que la Unión Europea no puede combatir efectivamente el antisemitismo. Uno no puede incitar simultáneamente contra Israel, el único estado con una mayoría judía y combatir contra el antisemitismo. Ya que esta es la realidad, queda claro el por qué la Unión Europea no quiere aceptar la definición de la AIRA que, entre otras cosas, afirma que señalar a Israel es considerado antisemita.

La Unión Europea si comete este señalamiento antisemita. Por ejemplo, decidió etiquetar bienes de la Cisjordania en disputa pero no de los territorios ocupados por una variedad de otros estados. Tal como señalaron los juristas Avi Bell y Eugene Kontorovich: “La Unión Europea no posee un conjunto general de reglas para tratar con los territorios ocupados, con los asentamientos o las administraciones territoriales cuya legalidad no es reconocida por la Unión Europea. Más bien, la Unión Europea tiene restricciones especiales que van dirigidas hacia Israel”. El Ministerio de Estrategias de Israel también ha publicado datos sobre la transferencia de fondos de la Unión Europea a organizaciones que boicotean a Israel.

La Asamblea General de la ONU comete un acto antisemita cada vez que al señalar condena a Israel, tal como lo hace en muchas de sus resoluciones. Si uno recopilara datos sobre los registros de todas las votaciones de muchos estados de la Unión Europea sobre estas resoluciones, se evidencia su mayor participación en este proceso antisemita.

Para que la Unión Europea pueda combatir de manera efectiva el antisemitismo, tiene primero que admitir que el antisemitismo se encuentra arraigado en su cultura y también cambiar su parcializada actitud hacia Israel. A partir de ese punto, la manera de combatir efectivamente el antisemitismo es una lucha ardua y larga. Ya que no existen indicios de que la Unión Europea esté dispuesta a admitir abiertamente la realidad, la discrepancia entre las palabras de sus líderes y la necesidad de actuar seguirá siendo un enorme paso a tomar.

El Dr. Manfred Gerstenfeld es investigador asociado principal en el Centro BESA y ex-presidente del Comité Directivo del Centro de Asuntos Públicos de Jerusalén. Este se especializa en las relaciones israelíes-occidentales europeas, los temas de antisemitismo y anti-sionismo además de ser el autor del libro ‘La guerra de un millón de recortes’.